Limpiar

Se me han ahogado los ojos en lágrimas de tanto llorar
Y ya no puedo ver, me cuesta mirar
Es el dolor que desde dentro arrastra, en silencio, como si te arrancaran las entrañas, para sacarlas por el pecho, sin hacer ni un solo ruido. Sin gritar, gritar.
Y no puedo gritar. Si abro los ojos, si los cierro, solo puedo llorar.
Esta es mi vida ahora.
Un mar que sale de dentro, y que deberia limpiar, pero cuando ya no te queda nada, y estas vacía, qué hay que limpiar.

Enfermedad

Esta vez
Estoy rota de verdad
Siento las lagrimas dentro de mi cabeza
Gritando, a punto de estallar
Y la luz se ha vuelto gris, opaca,
Ahora solo hay oscuridad
Como un lodo que lo tapa todo
No me quedan ganas de intentar nada mas
Cuando rio y bebo detras solo hay dolor y desesperanza
Tengo tanta impotencia dentro que apesta, empalagosa, se te pega a la nariz y al paladar.
Ya solo me quiero terminar de destrozar.
Lo poco que queda, que deje de herir, que deje de molestar.
Que pueda descansar.

Inspiración.

Creo en la importancia de la expresividad de las personas.

Creo que, cuando tu cara utiliza bien el gesto, te ayuda a ser sincera.

Cuando eres franca, sincera, hacer las cosas bien es más fácil, y las dudas no juegan a buscar mentiras o evasivas.

Por eso creo que es tan importante ser expresivo. Porque un te quiero sincero se reconoce cuando te miran a la cara, cuando le brillan los ojos.

Cuando la boca se queda desamparada.

Entonces la voz y la mirada se funden en una palabra.

Por eso me gusta tanto cómo me hablas.

“La Ciudad de las Luces”

“Ciudad de la Luz”, he leído en una antigua postal que guardaba entre otros recuerdos ya muertos. Hojas caídas pueblan cada paso entre mis pensamientos, cuando avanzo tratando de agarrar esa imagen, en la que me imagino agarrando los sueños de las solapas y exigiéndoles algo a cambio de tantas noches en vela, rezando a las estrellas por algo menos de luz. Les exijo, pido, suplico… que si tantos luceros he visto pasar con su imagen en mí, ahora reciba algo a cambio, ya que les di algo para soñar, les di una historia de amor, les di algo que admirar y compartir. Inunde sus noches de oscuridad para que pudieran brillar más. Tú, que haces que la luz de mi mundo se atenúe, para poder caminar tranquila. Mis pupilas ya no arden sino con el deseo de verte unos segundos más. Tantos sueños rotos y aun así conseguiste convertir sus cenizas en una joya de cristal, cuerno de unicornio, flauta quizá, algo tan dulce, suave y bello como cada beso que recuerdo cuando no estas.
Miro las fotos de mis únicos paseos entre la olímpica catedral, de hermosos monstruos y grandiosas campanas que cantaban al alba despidiendo a la luna, y los inmensos jardines, verdes como tu iris al despertar.
Es gracioso como me inspiras, cuando sé que odio el Culteranismo, tantos adornos sin llegar a nada, y ahora podrían tacharme incluso de gongorista. No entiendo como es que ha llegado tu memoria a darme esta facilidad de la palabra, que podría recorrer cualquier estilo, si algún roce con el amor tuviere. Inicié mi pequeña composición lírica con palabras tan románticas como sólo yo adoro, tristes, melancólicas, enamoradas y agonizantes en añoranza; mi pluma acarició entonces con adornos de un Parnasianismo y Simbolismo como no creí nunca poder inventar, ni tan si quiera hablando de cisnes, estanques y crepúsculo otoñal. He llegado a lo recargado, lo cursi y lo callado; lo duro, lo suave, todo estilo he tocado, y aun así… no soy capaz de describirlo.
¿Cómo será que una alma neorromántica pierda el rumbo al hablar del amor? ¿Que toda mi entereza clásica se esfume al verme desarmada ante el papel? ¿Cómo será que mis labios tiriten trémulos sin mayor recurso que una elocuencia sin sentido? ¿Cómo es, amor, que al recordarte el mundo pierde sentido?
Es que mi cielo dejo de brillar hace tanto tiempo que perdí mi pluma entre robles viejos. Es que entre los cementerios los ángeles de piedra me susurran que he de gritarte cuánto te quiero. Es que aún cuando escribo en mi estilo soy incapaz de describir lo que siento… porque ahora me has hecho darme cuenta.
El amor no son palabras, no es decir “te quiero”. El amor es perderse en unas pupilas grises, y no tener que decir más palabra. El amor es temblar por la idea de que se acerque. El amor son versos de un poema gótico sobre las ruinas de un destartalado bosque. El amor son besos olvidados, es abrazarte durante horas, escuchando tu respiración adormilada.
El amor es todo eso, y a la vez no es nada. Porque no se expresarlo y me siento afortunada. Porque sé lo que es el amor, aun pareciendo que no se nada. Porque si puedes describir con palabras el odio o el amor… es que aun no has apreciado toda su belleza y complejidad. Es que aun no has conocido historias como la de un arlequín y su dueño, un músico y su violín, dos locos en un ático, o almas perdidas, recorriendo París.